Ni un día sin La Casera®. El coleccionista que atesora 30.000 botellas de gaseosa

Tiene 69 años y sigue trabajando en su oficio de carpintero y pintor. No hay un solo día en que falte una botella de gaseosa en la mesa de Rafael Sánchez Barros. Ahora la toma sin azúcar. Y agradece especialmente que La Casera® lleve años apostando por la sin, pero conservando el sabor y las sensaciones que le proporciona una bebida refrescante que, como él nos recuerda, ya tomaban los romanos.

Estos días Rafael expone en Moda Shopping, en Madrid, una selección de las 30.000 botellas de gaseosa y sifones que ha conseguido reunir en la colección más importante que hay en España de este género.

¿Cómo surgió esa afición? Acostumbrado por trabajo a viajar y degustar las distintas gaseosas que se producían en pueblos y ciudades de España, en 2007 se propuso recuperarlas una a una y acompañar la colección con objetos relacionados con esta afición, como los carteles publicitarios, las cajas de transporte y hasta los banderines que portaban los corredores del equipo ciclista La Casera®, dirigido por el mítico Federico Martín Bahamontes, su paisano y primer ganador español del Tour de Francia.

Botellas que sobrevivieron a una guerra y superan un siglo de antigüedad

Guarda botellas que, si contaran la historia que hay detrás, darían para un libro. Como las encontradas en las trincheras de la Segunda Guerra Mundial y que sobrevivieron a bombardeos y penalidades que ni alcanzamos a imaginar. Impresiona verlas con sus correspondientes cajas de madera y las redecillas de esparto que separaban las botellas para que no se rompieran durante el transporte. Eran de boliche: una bola de cristal hacía las veces de tapón.

La más antigua de la colección data de 1912. Rafael ha buceado en un sinfín de almonedas y rastros, donde ya le resulta hoy difícil hallar un ejemplar que no figure en su catálogo. Dice con pesar que no sabe dónde terminarán algún día, al no encontrar coleccionistas que aúnen la pasión y conocimiento que él ha puesto en su peculiar afición.

“No tengo herederos para la colección. A veces simplemente las regalo a personas que se dirigen a mí con la ilusión de encontrar esa botella de la infancia que les recuerda cuando la familia se reunía en torno a la mesa. Si la encuentro, se la regalo”, explica Rafael, que tiene depositadas las botellas en un almacén, ya que en su casa le resulta imposible por espacio.

En la exposición que ha montado en Madrid hay auténticas joyas del coleccionismo: desde las que llevaban el nombre de un equipo de fútbol, como la Bética, a las dedicadas a la Virgen patrona de cada pueblo donde se fabricaban. Rafael aún recuerda cómo, en el campo, los segadores guardaban la gaseosa entre la paja, junto a la bota de vino, a la espera del descanso de mediodía.

Era otra forma de consumirla, cuando no había neveras portátiles e incluso neveras domésticas en las casas. La Casera® se enfriaba en las llamadas fresqueras, situadas en los huecos más fríos de la vivienda, junto a las ventanas, e incluso en el pozo de la casa, atada con una cuerda.

El auténtico boom se produce en los años 50, cuando La Casera® teje una red que permite llevar la gaseosa hasta el último rincón de España, empleando carretillas y carros antes de que se extendiera el uso de camiones y furgonetas. Al éxito contribuyó una acertada campaña publicitaria que convertía los anuncios de La Casera® en los más populares de cada año. Rafael evoca con especial cariño los álbumes con los cromos de los futbolistas que venían con cada botella.

“En España siempre se tomó mucha gaseosa porque somos muy de vermut a mediodía y nos gustaba rebajarlo, lo mismo que el vino, con algo más dulce y, al mismo tiempo, digestivo”, recuerda Rafael, que sitúa el origen de la gaseosa a la época de los romanos, cuando se transportaba el agua carbonatada en vasijas. Él, por edad, aún recuerda cómo sus padres y abuelos compraban la gaseosa en las farmacias, y luego granulada en sobres, hasta que por fin apareció la gaseosa embotellada.  

El reciclaje se inventó con La Casera®

El envase tradicional de la gaseosa fue de cristal durante casi un siglo. En casa, una vez que se consumía, se devolvía la botella al distribuidor, que la repartía a domicilio. “Recuerdo cómo cogías una nueva y devolvías la botella anterior. Si la habías perdido o se había roto, tenías que pagar”, explica Rafael.

Aquella idea que hoy nos puede parecer rudimentaria fue precursora del actual reciclaje. De hecho, las botellas de La Casera® se producen hoy en día con plástico 100 reciclable. Una magnífica noticia para el planeta, aunque lógicamente para Rafael ha significado el punto final de su colección. Es consciente de que custodia de alguna forma un pedazo de la historia de España. Un lujo para los amantes de la gaseosa.